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Si me preguntasen de qué trata Por
amor al arte,
una de las comedias más inteligentes que han caído
en mis manos, diría que es una comedia sobre el
amor. Del amor con todos sus adjetivos, y con una estupenda
novedad:
habla
del amor como la mejor y más insensible manera
de apoderarte de otro ser humano en todos sus aspectos.
Eso sí, con una variante excepcional.
Nei LaBute altera el orden de las cosas y nos plantea
una situación nueva en la qe una mujer, una joven de
su tiempo, la que decide enamorar, conquistar y reducir
(nunca mejor dicho) a su objeto de deseo: un hombre
joven y tímido, ofreciéndose como un Pygmalion cualquiera
para educarle y modelarle a su antojo. A lo largo de
la obra va adquiriendo una nueva, atractiva y distinta
personalidad.
La acción no puede ser mas simple. Por medio de rápidas
y diferentes escenas vemos a los personajes entrar
en los aspectos más íntimos del alma humana. Se centra
en cuatro estudiantes en la etapa final de sus carreras.
Adam es un joven introvertido que trabaja como conserje
en una galería de arte. Un día, casualmente, se encuentra
con Martha, una estudiante de arte algo prepotente
y, desde luego, bastante segura de sus convicciones.
Surge una fuerte atracción entre ellos y forman pareja.
Quieren entre ellos con Tony, ex compañero de habitación
de Adam, y su prometida, Sarah, con la que está a punto
de casarse. A partir de aquí y con la irrupción violenta
de Martha en sus vidas, todos los personajes entran
en una nueva dinámica que les hace reaccionar y poner
en evidencia sus contradicciones como seres humanos
cada vez más desnudos y despojados de todas sus máscaras.
Neil LaBute constrye un verdadero "tour-de-force"
para cuatro actores. Es un ring de boxeo donde cuatro
seres humanos, en clave de comedia, empiezan a sentir
el dolor de enfrentarse a ellos mismos a partir de
situaciones cotidianas y dentro de una gran apariencia
de normalidad.
Es una comedia con una agresividad nada noralista
sino rabiosamente contemporánea. Nada es obvio, ni
gratuito. Neil LaBute bucea en las almas desconcertadas
de los cuatro personajes y crea una brutal radiografía
de nuestra sociedad. Nos habla del amor como como agresión
a la intimidad del otro, de la relación entre el arte
y la vida y de la ética profesional como base de la
dignidad humana. Y en un sorprendente final, cuyo contenido
no voy a desvelar, Neil LaBute da un giro valiente
y profundamente revelador y nos vuelve a descolocar
hábilmente, obligándonos sin piedad a enfrentarnos
a nosotros mismos utilizando el personaje de Martha
como un espejo donde se reflejan nuestras propias miserias.
Gerardo Vera.
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