por Esther Montero
Teatro Madrid Septiembre / 2003
 
     
     
 

El productor Pedro Larrañaga, la actriz Maribel Verdú y el director Gerardo Vera -que tras cinco años secuestrado por el cine vuelve con pasión a las tablas- pergeñaron el pasado verano un delicioso proyecto ya hecho realidad: la puesta en escena en nuestro país de la obra Por amor al arte (The Shape of Things), del norteamericano Neil LaBute. Atrapados por la palabra y el talento dramático del autor y de esta comedia ácida de inesperado final, el equipo, junto a los actores Juanjo Artero, Beatriz Santana y Cristóbal Suárez, recrea, en el Teatro Álbeniz, las complejas relaciones de unos personajes reales, reconocibles y contemporáneos.

 
     
     
 
  Tres
momentos
de la obra.
 
     
 
 
 
     
     
 

Neil LaBute (Detroit, 1963), dramaturgo, guionista y director, ha sido calificado como un creador controvertido, un crítico retratista de la parte oscura del estilo de vida norteamericano. Ejemplo de ello vuelve a ser esta pieza estrenada en Londres hace dos años y en España el pasado 18 de agosto en el Teatro Euskalduna de Bilbao. Suyas son también las obras (posteriormente adaptadas y dirigidas en el cine con éxito por el mismo) In the Company of Men y Your Friends & Neighbours, entre otras. The Shape of Things cuenta ya con una reciente versión cinematográfica.

 
     
     
 

A Gerardo Vera le propusieron la dirección de esta obra Maribel Verdú y Pedro Larrañaga. Estoy deslumbrado por la envergadura del texto, comenta el director. Me impresionó por su profundidad e inteligencia, por esa mezcla de comedia y de drama, por su disección despiadada de los personajes, por su medernidad. Las generaciones de 25 a 40 años se pueden reconocer fácilmente en ellos. No he querido hacer un melodrama compasivo sino un análisis dramático de unas personas que en el fondo tienen graves desequilibrios psicológicos. Son gente de hoy. Y nos ofrece un ejemplo: Un alto ejecutivo, con esa imagen de tiburón, tiene una demoledora carencia afectiva.

Por amor al arte nos cuenta los conflictos de cuatro universitarios en los últimos años de sus carreras. Por medio de rápidas escenas vemos como los personajes se enfrentan a miserias íntimas que nunca antes habían querido ver. Es un texto teatral con todas las sabidurías de un gran autor, no sólo en cuanto a carpintería teatral sino también en la manera en cómo va calando en el inconsciente del público. Aunque en apariencia es una comedia, se trata de una obra de suspense, tiene un final que desmonta toda la obra, te deja sin habla, es un invento dramático de mucha envergadura, prosigue el director.

La puesta en escena y el diseño escenográfico (creado también por Gerardo Vera) buscan la sencillez, subrayar el discurso y la interpretación de los actores. Es una caja blanca donde la luz crea y cambia los ambientes de una manera muy simple, muy estilizada. Tiene que ver con una venda blanca con la que te curas, con la manipulación de una sociedad que es despiadada con los seres humanos. Es una especie de metáfora de la agresión física. Lo que importa, según el director, es apreciar cómo los personajes ocultan verdades y cómo las desvelan en ocasiones con sutileza a lo largo de diálogos estremecedores.

Por amor al arte ha vuelto a unir en un proyecto creativo a Gerardo Vera y Maribel Verdú, una entusiasta del director. Junto a ellos están Juanjo Artero, Cristóbal Suárez y Beatriz Santana. Ésta es una obra para un director de actores, hacen falta intérpretes muy complejos, es un discurso muy elaborado pero ha de dar sensación de juego. Maribel, Juanjo, Beatriz y Cristóbal son unos todoterreno, puedes transitar con ellos géneros, espacios, conflictos... Se arriesgan y se meten en esta aventura de una manera muy solidaria, concluye Gerardo Vera.