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Siempre me ha dado mucha vergüenza
ajena (y propia) oir a los autores hablar sobre sus propias
obras. Me recuerdan a esos jefes de cocina que te sueltan
un rollo sobre las excelencias de su arte culinario antes
de servirle a uno el primer plato. Y, sin embargo, el
rito obliga..., así que aquí me hallo,
resignado ante ustedes para presentarles este "guiso" que
espero sea de su agrado. ¿Qué más
les puede decir este autor que no sea lo que a ustedes
les "digan" las palabras, las situaciones,
los personajes y las ideas que subyacen en la propia
comedia?
No sé, tal vez sólo eso: que he tratado
de escribir una comedia. Esto quiere decir, que la
acción de la obra avanza de forma desenfadada,
ligera, irónica, exagerando aquellos rasgos
que mejor pueden resaltar algunas de las cuestiones
que esconde, con fingida inocencia, todo este juego
teatral: la necesidad de construirnos al prójimo
a nuestra imagen y semejanza, la creciente insatisfacción
propia de nuestro tiempo, el espejismo del amor, la
ciencia y sus delirios, el nuevo papel de las mujeres,
de los hombres y demás animales de compañía...
O, si se prepiere, Te quiero... muñeca,
no es más
que una reformulación irónica del mito
de Pigmalión y Galatea, que ha sido abordado
de forma muy diversa a lo largo de la historia: algunos
de esos testimonios resuenan con nitidez en esta pieza
(Villiers, Shelley, Shaw, Ibsen...).
Lo que si puedo manifestar sin pudor alguno es la
gozosa y enriquecedora experiencia que me ha deparado
el proceso de puesta en escena de esta obra, fundamentalmente
propiciada por los actores que la protagonizan, con
quienes nunca había tenido el privilegio de
trabajar. Gracias a Maribel Verdú, una de las
actrices más completas que conozco, precisa,
entregada, expresiva, siempre deslumbrante; gracias
a Luis Merlo, excelente actor, conocedor de todos esos
recursos que elevan su oficio a la categoría
de Arte; gracias a Marisa, Aurora, Santiago, magníficos
actores, cuya presencia ha contribuido a magnificar
el reparto. Gracias a todo el equipo: productor, escenógrafo,
iluminador, figurinista, coreógrafa, ayudantes...
Y sobre todo, gracias a ustedes, que dentro de unos
instantes van a hacer posible este sueño gratamente
compartido.
Ernesto Caballero. |
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