Te quiero... muñeca es una obra que narra la historia de Andrés, un crítico de cine que, insatisfecho y decepcionado de sus relaciones con el sexo opuesto, decide diseñar la mujer ideal, Nora, una criatura biónica a la carta, capaz, en principio, de satisfacer todas las necesidades de su dueño, pero que adquiere cada vez mayores niveles de autoconciencia.

 
     
     
 
 
     
 

Te quiero... muñeca
de Ernesto Caballero

Reparto por orden de intervención

Nora: Maribel Verdú
Andrés: Luis Merlo
Doctora: Marisa Pino
Ramón: Santiago Nogués
Rosa: Aurora Sánchez
Eva: Maribel Verdú

Dirección escénica:
Ernesto Caballero

 
     
     
 

Siempre me ha dado mucha vergüenza ajena (y propia) oir a los autores hablar sobre sus propias obras. Me recuerdan a esos jefes de cocina que te sueltan un rollo sobre las excelencias de su arte culinario antes de servirle a uno el primer plato. Y, sin embargo, el rito obliga..., así que aquí me hallo, resignado ante ustedes para presentarles este "guiso" que espero sea de su agrado. ¿Qué más les puede decir este autor que no sea lo que a ustedes les "digan" las palabras, las situaciones, los personajes y las ideas que subyacen en la propia comedia?

No sé, tal vez sólo eso: que he tratado de escribir una comedia. Esto quiere decir, que la acción de la obra avanza de forma desenfadada, ligera, irónica, exagerando aquellos rasgos que mejor pueden resaltar algunas de las cuestiones que esconde, con fingida inocencia, todo este juego teatral: la necesidad de construirnos al prójimo a nuestra imagen y semejanza, la creciente insatisfacción propia de nuestro tiempo, el espejismo del amor, la ciencia y sus delirios, el nuevo papel de las mujeres, de los hombres y demás animales de compañía... O, si se prepiere, Te quiero... muñeca, no es más que una reformulación irónica del mito de Pigmalión y Galatea, que ha sido abordado de forma muy diversa a lo largo de la historia: algunos de esos testimonios resuenan con nitidez en esta pieza (Villiers, Shelley, Shaw, Ibsen...).

Lo que si puedo manifestar sin pudor alguno es la gozosa y enriquecedora experiencia que me ha deparado el proceso de puesta en escena de esta obra, fundamentalmente propiciada por los actores que la protagonizan, con quienes nunca había tenido el privilegio de trabajar. Gracias a Maribel Verdú, una de las actrices más completas que conozco, precisa, entregada, expresiva, siempre deslumbrante; gracias a Luis Merlo, excelente actor, conocedor de todos esos recursos que elevan su oficio a la categoría de Arte; gracias a Marisa, Aurora, Santiago, magníficos actores, cuya presencia ha contribuido a magnificar el reparto. Gracias a todo el equipo: productor, escenógrafo, iluminador, figurinista, coreógrafa, ayudantes...

Y sobre todo, gracias a ustedes, que dentro de unos instantes van a hacer posible este sueño gratamente compartido.

Ernesto Caballero.