por José Luis Cantalejo

Pantalla Tres
Mayo de 1992

 
         
 
     
 
 
     
     
 

Ser actriz no es nada fácil. Ser buena actriz es aún más difícil. Buena, consagrada y reconocida resulta todavía mucho más complicado. Ser todo eso y tener veintiún años es algo que queda reservado para muy pocas personas. Maribel Verdú es una de esas pocas personas. Hace años logró lo relativamente fácil: llegar. Desde entonces ha conseguido lo realmente difícil: mantenerse.

 
     
     
 

Bajo el signo de Libra, Maribel Verdú nació en Madrid. Cuando la década de los setenta era todavía joven. Por su fecha de llegada al mundo, podía haber sido hija de cantautores, de actores en huelgas impensables, de artistas rebeldes en regreso del 68. Nada de eso. En la infancia de Maribel no había nada que indicara que podría ser artista. Ni tan siquiera vocación. Sin embargo, la casualidad se cruzó rápido cuando la adolescencia no pensaba todavía en su retirada. Ella misma lo reconoce.

 
     
     
 

Yo no busqué para nada entrar en esta profesión. Fue la profesión la que me buscó a mí. Vicente Aranda necesitaba una chica que tuviese un aire a Victoria Abril para interpretar el papel de hermana suya. Ese fue el comienzo de todo. Está claro que hay muchos actores que tienen vocación desde pequeños, pero ése no era mi caso. Yo cogí la vocación una vez que descubrí la profesión desde dentro.

Las claves del éxito
Los comienzos de las actrices jóvenes suelen ser siempre una continua lucha por demostrar que son algo más que un rostro bonito y un cuerpo más o menos afortunado. No todas triunfan en esa lucha.
Si tú quieres estar en una profesión sólo por tu físico, puedes hacerlo. Yo tengo muy claro que más vale ser guapo que feo. Entre otras cosas porque siendo guapo también puedes interpretar un papel de feo. Pero pienso que yo estoy demostrando que no estoy aquí por mi físico. De hecho, la mayoría de mis trabajos han sido en personajes raros, en los que no aparezco especialmente atractiva. Sin ir más lejos, fíjate como salgo en Amantes. En El beso del sueño, que se estrenará en fechas próximas, sí que salgo elegante, con traje de chaqueta, tacones... Pero casi es la excepción.

Maribel es consciente de la importancia que Amantes ha tenido en su carrera. el papel de Trini es el que ha supuesto su reconocimiento general y su valoración real como actriz. Pero el éxito no debe ser flor de un día.
El éxito viene muy unido con la suerte, con la constancia y con las ganas que uno tenga de superarse. Se puede tener éxito en un primer momento, pero luego tienes que demostrar tu valía para mantenerte.

¿Se puede compaginar el éxito profesional con la intimidad de tu vida personal?
Pienso que sí. Yo llevo ocho años compaginándolo. Es cuestión de organizarse.

¿No temes que al llegar a una determinada edad los directores dejen de llamarte, tal y como les ha sucedido a otras actrices que comenzaron muy jóvenes?
Por mi cabeza no pasa esa posibilidad. Tengo mucha profesión por delante. Además, yo no debuté haciendo papeles de niña. Sigo siendo la misma que en mis comienzos. Vicente Aranda siempre dice que soy la misma, un poco más alta y con más tetas que cuando hice la primera película con él.

Más lobos que corderos.
Maribel Verdú, de momento, está muy centrada en su trabajo en España. Ha realizado algunas coproducciones y nos consta que ha recibido ofertas directas del cine italiano.
Soy una persona que no suele desaprovechar las oportunidades. Y si surgen cosas interesantes no las rechazaría. Pero de momento no me planteo trabajar fuera. no tiraría por la borda lo que he conseguido aquí por intentar el éxito internacional. Eso sí que no.

En el mundo del cine, ¿hay que bailar con lobos o reinan el silencio y la bondad de los corderos?
En la vida, en general, hay más lobos que corderos. No sólo en el cine. En todas las profesiones.

¿Te has sentido tiranizada por algún director?
He trabajado con uno o dos directores, de los que, por supuesto, no diré los nombres, un poco tiranos. Pero la mayoría, afortunadamente, no han sido así. Para trabajar yo necesito tranquilidad, entendimiento, complicidad con el director. Que basten las miradas para indicar lo que se debe o no se debe hacer. Trabajar bajo presión es muy incómodo.

Trini, la protagonista de Amantes, es el papel que Maribel recuerda con más cariño. Por el personaje en sí y por las consecuencias que de él se han derivado, premios incluidos. Pero ella quiere destacar que se siente más identificada con los personajes cómicos, alegres, totalmente positivos...
Disfruté muchísimo en Salsa Rosa. No es que yo vaya atacando a los tíos en los ascensores en la vida real. Pero me siento identificada con ese personaje porque soy una persona alegre y positiva. Reir no me cuesta nada. Estar triste, en cambio, me cuesta más. En el cine y en la vida.

¿Te cuesta rodar escenas de desnudos o demasiado "cariñosas"?
Si quieres ser una buena actriz tienes que olvidarte del pudor. La desnudez me parece un estado totalmente natural, tanto del hombre como de la mujer. Por eso no siento vergüenza ni pudor. En todo caso, existe una cierta incomodidad. Rodar desnuda es más incómodo que rodar vestida. Pero nada más.

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