Yo
no busqué para nada entrar en esta profesión.
Fue la profesión la que me buscó a mí.
Vicente Aranda necesitaba una chica que tuviese un aire
a Victoria Abril para interpretar el papel de hermana
suya. Ese fue el comienzo de todo. Está claro
que hay muchos actores que tienen vocación desde
pequeños, pero ése no era mi caso. Yo cogí la
vocación una vez que descubrí la profesión
desde dentro.
Las claves del éxito
Los comienzos de las actrices jóvenes suelen ser
siempre una continua lucha por demostrar que son algo
más que un rostro bonito y un cuerpo más
o menos afortunado. No todas triunfan en esa lucha.
Si tú quieres estar
en una profesión sólo por tu físico,
puedes hacerlo. Yo tengo muy claro que más vale
ser guapo que feo. Entre otras cosas porque siendo
guapo también puedes interpretar un papel de
feo. Pero pienso que yo estoy demostrando que no estoy
aquí por mi físico. De hecho, la mayoría
de mis trabajos han sido en personajes raros, en los
que no aparezco especialmente atractiva. Sin ir más
lejos, fíjate como salgo en Amantes.
En El beso del sueño, que se estrenará en
fechas próximas, sí que salgo elegante,
con traje de chaqueta, tacones... Pero casi es la excepción.
Maribel es consciente de
la importancia que Amantes ha tenido en su carrera. el
papel de Trini es el que ha supuesto su reconocimiento
general y su valoración real como actriz. Pero
el éxito no debe ser flor de un día.
El éxito viene muy
unido con la suerte, con la constancia y con las ganas
que uno tenga de superarse. Se puede tener éxito
en un primer momento, pero luego tienes que demostrar
tu valía para mantenerte.
¿Se puede compaginar
el éxito profesional con la intimidad de tu vida
personal?
Pienso que sí. Yo
llevo ocho años compaginándolo. Es cuestión
de organizarse.
¿No temes que al llegar
a una determinada edad los directores dejen de llamarte,
tal y como les ha sucedido a otras actrices que comenzaron
muy jóvenes?
Por mi cabeza no pasa esa
posibilidad. Tengo mucha profesión por delante.
Además, yo no debuté haciendo papeles de
niña. Sigo siendo la misma que en mis comienzos.
Vicente Aranda siempre dice que soy la misma, un poco
más alta y con más tetas que cuando hice
la primera película con él.
Más lobos que corderos.
Maribel Verdú, de momento, está muy centrada
en su trabajo en España. Ha realizado algunas
coproducciones y nos consta que ha recibido ofertas directas
del cine italiano.
Soy una persona que no
suele desaprovechar las oportunidades. Y si surgen
cosas interesantes no las rechazaría. Pero de
momento no me planteo trabajar fuera. no tiraría
por la borda lo que he conseguido aquí por intentar
el éxito internacional. Eso sí que no.
En el mundo del cine, ¿hay
que bailar con lobos o reinan el silencio y la bondad
de los corderos?
En la vida, en general, hay
más lobos que corderos. No sólo en el cine.
En todas las profesiones.
¿Te has sentido tiranizada
por algún director?
He trabajado con uno o
dos directores, de los que, por supuesto, no diré los
nombres, un poco tiranos. Pero la mayoría, afortunadamente,
no han sido así. Para trabajar yo necesito tranquilidad,
entendimiento, complicidad con el director. Que basten
las miradas para indicar lo que se debe o no se debe
hacer. Trabajar bajo presión es muy incómodo.
Trini, la protagonista de Amantes,
es el papel que Maribel recuerda con más cariño.
Por el personaje en sí y por las consecuencias
que de él se han derivado, premios incluidos.
Pero ella quiere destacar que se siente más identificada
con los personajes cómicos, alegres, totalmente
positivos...
Disfruté muchísimo
en Salsa Rosa. No es que yo vaya atacando
a los tíos
en los ascensores en la vida real. Pero me siento identificada
con ese personaje porque soy una persona alegre y positiva.
Reir no me cuesta nada. Estar triste, en cambio, me cuesta
más. En el cine y en la vida.
¿Te cuesta rodar escenas
de desnudos o demasiado "cariñosas"?
Si quieres ser una buena
actriz tienes que olvidarte del pudor. La desnudez me
parece un estado totalmente natural, tanto del hombre
como de la mujer. Por eso no siento vergüenza ni
pudor. En todo caso, existe una cierta incomodidad. Rodar
desnuda es más incómodo que rodar vestida.
Pero nada más. Seguir
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