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Estos días Maribel
Verdú cumple 33 años. También
celebra sus dos décadas como actriz. Y estrena
en el Teatro Albéniz de Madrid la obra de moda
en Nueva York y Londres, "Por amor al arte"
("The shape of things", de Neil LaBute),
dirigida por Gerardo Vera. Una comedia cáustica
e irónica que desmenuza la manipulación,
el amor, la rivalidad y la ambición de ser
joven y moderno, como ella misma. Aunque en esta entrevistaq
se declara "normal" y poco o nada ambiciosa,
y habla de la felicidad de compartir un gran amor,
de cómo selecciona su trabajo para poder disfrutar
de la vida, y de su decisión de no tener hijos.
Casada con el productor teatral y cinematográfico
Pedro Larrañaga, dice que su matrimonio es
lo mejor que le ha pasado y que no hay oferta o proyecto,
por importantes que sean los que le han llovido desde
la multipremiada película mexicana "Y
tu mamá también" (2001), que compensen
un alejamiento de su pareja y de, como ella llama
a sus seres queridos, su "gente". Tan joven
y tan madura.
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¿Qué morbo tiene
el teatro para usted, después de tanto cine?
Para mí es necesario.
Es la inmediatez del momento, lo concentras todo en
una hora y media, y lo das todo; es una sensación
de plenitud, de goce, esos nervios antes de salilr,
placer y miedo a la vez. Cada vez que hago teatro
me juro no repetir la experiencia, pero vuelvo a él
casi con adicción. Es un proceso tan intenso,
que al menos ya tengo pilas para crear personajes
durante los próximos cuatro años. Me
pasó Cuarón y Ricardo Franco, y ahora
es lo mismo con Gerardo Vera. Gracias a ellos he aprendido
a crear imágenes para transmitirlas al público.
Si no haces eso, actúas como un papagayo.
¿Todos los papeles que
ha interpretado le han gustado?
No todos. He hecho películas
que luego me ha horrorizado promocionar; por eso ahora
trabajo cada vez menos e intento seleccionar; claro
que mientras me lo pueda permitir, porque yo vivo
de esto y no hago negocios con el corazón.
Cumple ahora 33 años, y
a los ojos del público parece que lleva actuando
toda una vida. ¿Se siente madura?
Creo que sí. Pienso
que la madurez no tiene nada que ver con la edad.
Conozco a personas mayores que son ineptas totales
para la vida. Yo siempre he tenido muy arraigado el
sentido de la responsabilidad; incluso en mis años
locos hubo cierta coherencia. Eso no quiere decir
que esté exenta de pasión, inocencia
o ilusión. Y hay algo que espero no perder
nunca, que es la capacidad de sorprenderme y el impulso
de compartir las cosas, y lo malo se debilita.
Tras Y tu mamá también,
¿ha tenido ofertas alucinantes?
Muchas y muy alucinantes.
Pero ante cualquier oferta, siempre me pregunto: ¿me
compensa? Y a mí, actualmente, sólo
me compensa estar con los míos, irme con mi
chico de viaje y, sobre todo, tener los mínimos
compromisos para poder hacer lo que me apetezca. No
quiero nada que me aleje de mi gente. Ahora estoy
promocionando esta obra de teatro, porque creo en
ella, pero no quiero entrar en un mundo que sé
que me va a agobiar, que no es el mío; yo soy
de aquí, de hacer vida de barrio...
¿No es nada ambiciosa?
No, nada. Mi única
ambición es intentar ser feliz el máximo
tiempo posible y vivir con dignidad.
En esta onda, ¿qué
le ha aportado el matrimonio?
Está siendo la experiencia
más positiva de mi vida. Todos los días
deseo compartir mi vida con mi marido dede la más
absoluta verdad, que es lo que al final te hace libre.
Soy consciente de que ahora soy libre, porque antes
no lo era.
¿Es recíproco este
sentimiento?
Absolutamente. Lo mejor
de estar con la pareja que te corresponde es que vas
creciendo a su lado, porque confía y cree en
ti, porque te ama.
Ha dicho usted: "No soy inteligente,
soy lista". ¿De verdad?
Ni lista ni inteligente.
Intento no meter la pata demasiado y resolver las
cosas con cierta inteligencia, la de la experiencia
y el instinto. En fin, soy normal, uno de los calificativos
más grandes que se pueden colgar a una persona.
Describa un momento de felicidad.
Con mi chico, en invierno
y lloviendo; con la casa muy caliente, muchas velas
y una comida muy rica, de picoteo; viendo una película
muy buena; por ejemplo, y por décima vez, Dos
en la carretera. Y no separarme de él ni
un centímetro.
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