por Silvia Alexandrowich

Marie Claire
9 / 2003

 
         
 
     
 
 
     
     
 

La revista "Marie Claire", en su número 193 correspondiente al mes de octubre de 2003, entrevista a Maribel Verdú. Podéis ver además de unas estupendas fotos, un extracto de la entrevista.

 
     
     
 

 

 
     
     
 

Estos días Maribel Verdú cumple 33 años. También celebra sus dos décadas como actriz. Y estrena en el Teatro Albéniz de Madrid la obra de moda en Nueva York y Londres, "Por amor al arte" ("The shape of things", de Neil LaBute), dirigida por Gerardo Vera. Una comedia cáustica e irónica que desmenuza la manipulación, el amor, la rivalidad y la ambición de ser joven y moderno, como ella misma. Aunque en esta entrevistaq se declara "normal" y poco o nada ambiciosa, y habla de la felicidad de compartir un gran amor, de cómo selecciona su trabajo para poder disfrutar de la vida, y de su decisión de no tener hijos. Casada con el productor teatral y cinematográfico Pedro Larrañaga, dice que su matrimonio es lo mejor que le ha pasado y que no hay oferta o proyecto, por importantes que sean los que le han llovido desde la multipremiada película mexicana "Y tu mamá también" (2001), que compensen un alejamiento de su pareja y de, como ella llama a sus seres queridos, su "gente". Tan joven y tan madura.

 
     
     
 

¿Qué morbo tiene el teatro para usted, después de tanto cine?
Para mí es necesario. Es la inmediatez del momento, lo concentras todo en una hora y media, y lo das todo; es una sensación de plenitud, de goce, esos nervios antes de salilr, placer y miedo a la vez. Cada vez que hago teatro me juro no repetir la experiencia, pero vuelvo a él casi con adicción. Es un proceso tan intenso, que al menos ya tengo pilas para crear personajes durante los próximos cuatro años. Me pasó Cuarón y Ricardo Franco, y ahora es lo mismo con Gerardo Vera. Gracias a ellos he aprendido a crear imágenes para transmitirlas al público. Si no haces eso, actúas como un papagayo.

¿Todos los papeles que ha interpretado le han gustado?
No todos. He hecho películas que luego me ha horrorizado promocionar; por eso ahora trabajo cada vez menos e intento seleccionar; claro que mientras me lo pueda permitir, porque yo vivo de esto y no hago negocios con el corazón.

Cumple ahora 33 años, y a los ojos del público parece que lleva actuando toda una vida. ¿Se siente madura?
Creo que sí. Pienso que la madurez no tiene nada que ver con la edad. Conozco a personas mayores que son ineptas totales para la vida. Yo siempre he tenido muy arraigado el sentido de la responsabilidad; incluso en mis años locos hubo cierta coherencia. Eso no quiere decir que esté exenta de pasión, inocencia o ilusión. Y hay algo que espero no perder nunca, que es la capacidad de sorprenderme y el impulso de compartir las cosas, y lo malo se debilita.

Tras Y tu mamá también, ¿ha tenido ofertas alucinantes?
Muchas y muy alucinantes. Pero ante cualquier oferta, siempre me pregunto: ¿me compensa? Y a mí, actualmente, sólo me compensa estar con los míos, irme con mi chico de viaje y, sobre todo, tener los mínimos compromisos para poder hacer lo que me apetezca. No quiero nada que me aleje de mi gente. Ahora estoy promocionando esta obra de teatro, porque creo en ella, pero no quiero entrar en un mundo que sé que me va a agobiar, que no es el mío; yo soy de aquí, de hacer vida de barrio...

¿No es nada ambiciosa?
No, nada. Mi única ambición es intentar ser feliz el máximo tiempo posible y vivir con dignidad.

En esta onda, ¿qué le ha aportado el matrimonio?
Está siendo la experiencia más positiva de mi vida. Todos los días deseo compartir mi vida con mi marido dede la más absoluta verdad, que es lo que al final te hace libre. Soy consciente de que ahora soy libre, porque antes no lo era.

¿Es recíproco este sentimiento?
Absolutamente. Lo mejor de estar con la pareja que te corresponde es que vas creciendo a su lado, porque confía y cree en ti, porque te ama.

Ha dicho usted: "No soy inteligente, soy lista". ¿De verdad?
Ni lista ni inteligente. Intento no meter la pata demasiado y resolver las cosas con cierta inteligencia, la de la experiencia y el instinto. En fin, soy normal, uno de los calificativos más grandes que se pueden colgar a una persona.

Describa un momento de felicidad.
Con mi chico, en invierno y lloviendo; con la casa muy caliente, muchas velas y una comida muy rica, de picoteo; viendo una película muy buena; por ejemplo, y por décima vez, Dos en la carretera. Y no separarme de él ni un centímetro.