por Anuska Maraña

El Correo digital
30 / IV / 2004

 
         
 
     
 
 
     
     
 
 
     
     
 

Las relaciones y los sentimientos forman el hilo argumental de 'Por amor al arte', una obra de Neil LaBute en la que Maribel Verdú da vida a una mujer «de armas tomar». La pasión, el odio y el desamor son algunos de los ingredientes de esta comedia, que se despide de Vitoria esta tarde en el Teatro Principal tras dos días de representaciones.

 
     
     
 

¿En qué se diferencia esta obra de otras comedias sobre el amor?
Yo no la definiría como una comedia pura y dura. Más bien es una función en la que se hacen varias radiografías sobre las relaciones de pareja. Para mí, Neil LaBute es uno de los autores más inteligentes y aquí presenta una obra que tiene una sorpresa detrás de otra. Hay pasión, odio, manipulación, desamor, risas... En definitiva, tiene un poco de todo.

¿Presenta un punto de vista de las relaciones humanas más acorde con la realidad?
Sí, porque ahora la realidad es saber quién tiene mejor puesto de trabajo, quién gana más... Hoy en día parece que nos movemos por algo ambicioso y que el trabajo siempre está por encima del amor, las relaciones y los sentimientos. Eso se da mucho en esta función, donde o se tiene una cosa o la otra.

¿Somos demasiados competitivos?
Absolutamente.

Obra «de resaca»

¿Hará reflexionar al espectador?
Sí. Cada uno sale con una idea del espectáculo y está hecho así a propósito. Saldrán del teatro, irán a cenar y no podrán evitar hablar de él. Es lo que yo llamo una obra de resaca, empiezas a acordarte de las cosas y a atar cabos.

¿Cómo es su personaje, Martha?
Es una mujer de armas tomar. Hay gente para la que el triunfo y el trabajo están por encima de su vida personal. Tampoco quiero desvelar mucho más.

En esta ocasión, es su personaje el que toma la iniciativa en la conquista.
En la obra hay dos mujeres y dos hombres. Los personajes absolutamente femeninos son Adam, interpretado por Juanjo Artero; y Sara, el de Beatriz Santana. Los masculinos los interpretamos Cristóbal Suárez y yo. El hombre y la mujer aman de diferente manera. Odio generalizar, pero es cierto que hay cosas evidentes. Las mujeres no deben dejarse manipular. Lo mismo debe ocurrir con los hombres. No se puede consentir que haya alguien que maltrate física y psicológicamente a otro.

Del amor al odio hay un pequeño paso. ¿Cree en esta afirmación?
Hace muchos años tuve una experiencia con un director que de repente era absoluto amor. Yo era pequeña y no entendía nada. Se paró el rodaje y cuando una semana después nos volvimos a reincorporar esa persona pasó a odiarme absolutamente. Creo que la línea que separa el amor y el odio es muy fina. Sin embargo, estoy en contra de ese otro dicho de quien bien te quiere te hará llorar. Esto es mentira.

A lo largo de su carrera ha trabajado en distintos medios. ¿Con cuál se queda?
Si tengo que elegir, mi verdadera pasión es el teatro. El tener a la gente en directo es una sensación única.

¿Cuáles son sus proyectos?
En un par de meses termino esta función y también estoy finalizando una 'tele movie'. La verdad es que ahora me toca descansar porque desde julio no he parado.