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Una niña menuda y morena rodeada
por bellezas rubias y esculturales que, aún siendo
bajita, estaba empeñada en ser modelo internacional.
Así se ve Maribel Verdú cuando echa la vista atrás
y recuerda sus primeros cástings. Ahora, 21 años
después de su primer trabajo publicitario, pasea
una gran maleta llena de títulos cinematográficos,
obras de teatro y hasta incluso ha grabado un disco.
No consiguió subirse a una pasarela pero sí ser reconocida
como una de las mejores y más prolíficas actrices
de nuestro pais.
Rebosa belleza porque es feliz.
"Supongo que haber elegido
trabajos de calidad y dignos me ha traído hasta aquí,
pero también influye que el director con el que trabajes
sea un tío válido, con talento, y haga una película
estupenda. Yo he tenido la suerte de trabajar con
los mejores y he aprendido mucho al lado de cada
uno de ellos."
Si al principio, al compararse
con las guapas modelos que iban a los cástings se
sentía un poco "patito feo", con los años ha ganado
en seguridad y luce una figura envidiable.
"No
tengo problemas de peso, todo lo contrario.
Puedo comer lo que quiera sin temor. Y desde luego
no
prescindo de caprichos poco recomendables, pero
habitualmente me alimento de manera equilibrada". La
fórmula para sentirse bien dentro y fuera no es
otra que la de la felicidad
controlada: "Estar contenta,
sentirme de verdad a gusto y tranquila. Es lo más
cercano
que encuentro para explicar los estados de felicidad
que te ponen 'monísima'."
El yoga la ayuda a estar en forma.
Aficionada a los deportes desde niña, Maribel era
forofa del fútbol y del tenis hasta que llegó a
su vida el yoga.
"Me dolía muchísimo la
espalda y el estómago y no había manera de que se
me pasara. Pero un buen día, hace ya tres años descubrí
el yoga y lo practico tres horas todas las semanas.
Me ha cambiado la vida. Ya no puedo vivir sin practicarlo,
me resulta imprescindible porque soy consciente del
bienestar que me proporciona." Y muchos
son los beneficios que ha consetguido con esta técnica
milenaria:
"Me ayuda a mantener
los pies en la tierra, soy más equilibrada y los
problemas los resuelvo con mayor optimismo. Además,
me ha hecho darme cuenta de que lo importante de
la vida son los detalles pequeños, esos que se pasean
a nuestro lado cada día pero que no tenemos tiempo
para ver. Ahora, jamás derrochomi energía en discusiones
tontas y tengo un gran sentido de la justicia."
Es difícil verla de mal humor
o desairada porque le puede su personalidad positiva.
Siempre ve la borella medio llena y nunca medio vacía: "No
suelo llevarme mal con la gente porque soy una persona
sociable. Si alguien no me gusta, jamás lo trato
mal, qunque sí con cierta indiferencia. La vida es
muy corta y quiero vivirla sin desasosiego ni discusiones." Y
vaya si la disfruta: "Que
me quiten lo bailado, ¿sabes? Mañana me puedo morir,
y sí, es una pena porque a mí me gusta mucho la vida,
pero ¡cómo me lo he pasado yo! Podría morirme a los
90 años sin haber hecho nada, a lo mejor tener un
hijo o... nada más: qué frustración. Pero muérete
a los 34 con una vida estupenda."
No siente necesidad de ser madre
sigue sin querer tener hijos. En sus trece y no hay
quien la apee del burro: "Quiero
perros no niños. Tengo un yorkshire precioso desde
hace años y no concibo la vida sin él. A Pedro
le he dicho que ahora hay dos hombres en mi vida:
él y Tito (mi perro). No tengo instinto maternal,
no quiero estar toda la vida pendiente de un hijo." Pedro
Larrañaga, su marido desde el 2 de septiembre de
1999, lo acepta sin más. Y, puesto que hablamos
de pareja, nos asalta la duda: ¿Mejor casada que
soltera? "Antes
de casarme con Pedro el matrimonio no entraba en mis
planes, nunca me había interesado. Hoy lo aconsejo.
Pero, claro, también hay que tener la suerte de
encontrar a un marido como el mío y saber dar tanto
o más de lo que recibo. Esto no sólo lo hago con
mi pareja, también con los amigos y la familia.
Estos últimos años me he volcado en mi vida personal.
Es la que me da serenidad, equilibrio y energía
positiva para poder afrontar los retos cotidianos.
Me vuelco en vivirla a tope y en ser feliz."
Y nos creemos que lo
es. La felicidad, como el sufrimiento, se refleja
en los ojos y entodo el rostro. Su cara es, especialmente
en los últimos años, un auténtico ejemplo de dicha.
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