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Has hecho publicidad, teatro, cine, televisión, ¿A qué
has dicho, o dices, no?
He hecho de casi todo. Hasta he presentado un programa
de José Luis Moreno. En esta vida has de hacer cosas porque
te dedicas a esto, y ya está, comes de esto. Pero, fíjate,
haciendo el programa de José Luis Moreno me salió Belle
Epoque. Son cosas de este trabajo, y hay que asumir
riesgos, y no me arrepiento de nada. Incluso me río de
algunas cosas que he hecho, pero al mismo tiempo me alegro
de los trabajos estupendos que he llegado a hacer. La vida
es una oferta repleta de errores y de aciertos, ambos igual
de necesarios y estimulantes. Volviendo a tu pregunta.
¿A qué digo que no? No lo sé. Nunca se sabe si algún día
tendré que volver a hacer un trabajo con José Luis Moreno.
Y sobre todo, lo que no hago es renegar de lo que hago.
¿Alguna película en que te enbarcaste sin estar muy, muy
convencida?
Sí, claro, las hay. son los mayores
errores que puedes cometer. Cuando yo me embarqué en lo
de José Luis Moreno,
siguiendo con el ejemplo, lo hice a conciencia, entregada,
me embarqué por completo porque consideraba que era una
buena experiencia para mí. sin embargo, lo peor es hacer
películas de compromiso a sabiendas de que no te gustan.
Eso es un suplicio.
¿Qué trabajos rescatarías a pesar de que la crítica o
el público, quizá, no respaldaran ese trabajo?
Es curioso. Siempre han coincidido
las opiniones. Cuando he estado satisfecha de un trabajo,
tanto el público como
la crítica han opinado igual que yo, cuando digo tres palabras
en El beso del sueño -Rafael Moreno Alba, de 1991- la crítica
me pone a parir, igual que yo. Al contrario, en Carreteras
secundarias -Emilio Martínez Lázaro, 1997- o La
Celestina -Gerardo Vera, 1995-, ensalzan mi trabajo, y también coincido,
porque me parecen buenos trabajos.
¿Consideras que hay una película que sea un punto y aparte
en tu carrera?
No tanto eso como reconocer que hay etapas. Una primera
podría ser la de El año de las luces -Fernando Trueba,
1986-, o Amantes -Vicente Aranda, 1990-, y luego La
Celestina,
junto con La buena estrella -Ricardo Franco, 1997-. Siempre
lo digo porque yo estuve retirada casi dos años haciendo
televisión y teatro, y volví con La
Celestina. Y por supuesto
otra etapa es la de Y tu mamá también -Alfonso Cuarón,
2000-.
¿Trabajo hecho, trabajo olvidado? ¿Eres indulgente contigo,
o no hay motivos?
No tengo costumbre de ver mis trabajos anteriores. Si alguna
vez ponen una película mía en televisión, veo un poco,
pero no estoy ahí pendiente para ver como lo hice, pasas.
Claro que eres indulgente porque no vas a pretender ser
la misma ahora que la actriz de los comienzos.
¿Llevas la cuenta de cuántas películas, series, y obras
de teatro has hecho, o tienes que pensarlo?
No lo llevo. No tengo ni idea. No se trata de conseguir
un número de películas. A esas cosas no le doy ninguna
importancia.
Háblame de directores. Igual que ellos tienen actores
o actrices fetiche, ¿tú tienes tus directores fetiche?
Directores fectiche, no. Sí tengo
directores que me gustan más que otros o con los que me
entiendo mejor, y algunos
que son hasta amigos. Lo era Ricardo Franco, y lo es Gerardo
Vera, por ejemplo. Hay otros con los que mantengo una relación
estupenda, que nos llamamos, y a los que adoro, y ahí están
Fernando Trueba o Vicente Aranda. Con otros me llevo muy
bien, y con los que trabajo a gusto, como Martínez Lázaro.
Hay muchos, y maravillosos.
Ante dos buenos guiones, ¿qué prefieres, cine, televisión,
o te da igual?
Depende. Si es un buen guión,
y lo dirige Trueba, me da igual hacerlo en cine que en
televisión, no leo ni el guión.
Si es un buen guión, pero desconfío del director, o me
parece que algo falla, entonces me da igual, quizá preferiría
hacerlo para televisión.
¿Consideras fallida la serie Código Fuego, retirada
de Antena 3?
Por supuesto. La serie no ha llegado al público, y el público
es el que decide, eso es así. Los actores cumplimos con
nuestro cometido en la serie. Comenzó la emisión con un
25% de cuota de pantalla en una cadena que tienen varios
puntos por debajo, en esa cuota de pantalla, de cualquier
cadena. Al principio a la gente le interesó la serie, a
ver que pasaba con Coronado, con Langa, con Maribel, pero
luego fue cayendo, cayendo, hasta llegar a un 14%. Claro
que es fallida la serie, no se puede defender lo indefendible.
Durante la gravación de los capítulos lo intentamos todo,
incluso metimos mano en los guiones, era una locura, pero
no hubo manera. Tanto José Coronado como yo estábamos convencidos
de que íbamos a terner seie para dos años, estábamos muy
ilusionados con ella y con el mundo que estábamos conociendo,
fue increible, pero no fue así.
De tener que compararte, ¿con qué tipo de actrices te
consideras más cerca, y no tanto por edad como por el talante
o el enfoque de su carrera?
Mi sueño sería alcanzar ese grado de equilibrio que tienen
algunas actrices que se manejan con la comedia, con las
que te partes de risa, y en el drama, y en ambos registros
son creíbles. Crelo que ahí está el talento que hace completa
a una actriz, o un actor, claro. Que un artista me haga
reír, y que además si me cuenta una historia seria me ponga
los pelos de punta, para mí es el colmo. ¿En España? Por
supuesto que tenemos ese tipo de perfiles, y de gran altura.
Acabo de hacer una película don Jorge Sanz y MAría Barranco
-Tiempo de tormenta, de Pedro Olea- en la que se dan ambas
situaciones, y las bordan.
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